Me vi caminando bajo la lluvia,
Lo recuerdo todo
Había sentido el pelo mojado
Las mejillas mojadas
Las ropas mojadas.
Había visto el gris y el todo
Y me había preguntado como al pasar si alguien le importaría
mi existencia
De cosa, de carne, de ser, de lo que fuere
Y escuche el eco de mi pregunta en todas las paredes
Lo vi reflejado en los ojos de los desconocidos transeúntes
En todos los móviles sin gentes
En todos lo edificios con sus coquetas pendientes
Y pensé entonces que también yo seria algún pendiente,
De alguien, de algo o de mi misma
Un pendiente en la idea irrealizable
un pendiente suspendido en la materia del universo
Como nada, o apenas poca cosa
o como un todo de una idea que aun reposa.
Nada, una molécula más en el suelo y en el aire
Simple masa devenida en carne.
Y me vi, sola, parada bajo la lluvia
Como perro mojado
Llorando el mundo
Inmundo.
Y llegue a cuestas de mi misma
Al piso que comparto con desconocidos
Y me abrí la blusa
Y me despoje del calzado y de los calzones y del todo.
Me despoje y mire al frente a un viejo testarudo
Lleve mi cuerpo hacia él y lo incite a que tocara mis pechos,
Necesitaba sentir algo
Y sentí el frío de sus manos rugosas ,
El sonido de su salivar horrendo
El aroma de su sexo
Y me vino la náusea.
Luego llore hasta caer al piso y me arrastre por el suelo
hasta mi cuarto…
Y tome un martillo y apunte a mi cráneo,
Pero no tuve el coraje.
Asique seguí sosteniendo el martillo y observe mi cuerpo
Y comenzó la música
Sentía el retumbar de ella en las paredes de mi cabeza
Y tuve pánico y grite!
Y me sacudí
Y empecé a tocarme y lastimarme
Y atornille mi mano.
Tome un clavo oxidado y de un martillazo la clave en el
escritorio
Luego no podía con la otra asique llame al que me toco los
pechos
Grite fuerte su nombre hasta que vino
Y me encontró chorreante de sangre.
El idiota me observo largo rato y lo deje tocarme
Y le pedí extasiada que clavara mi mano,
La otra,
Y me observo con sus ojos brillantes y temerosos
Me paso su lengua por el rostro
Y entonces lo hizo
Y lloro
Lloro con fuerza.
Le grite que se fuera
Y tararee a los gritos esa canción que tenía dentro de mi
cabeza
Asique el miro mis tetas y cerró la puerta.
Y me quede ahí
Quietecita moviendo el tronco de lado a lado,
Anclada a mi escritorio
Con el espejo enfrente que me obligaba a verme
Y me vi
Pero no quería verme!
Me grite que era mentira
Que todo era fantasía.
Pero llego la enfermera
Con su olor floral horripilante,
Siempre en el piso con su detestable aroma
Siempre con esa sonrisa falsa como sombra
No me caía en gracia.
Asique cuando vino a mí,
Luego de verla vomitar por
ver mis manos masacradas sobre el escritorio
La escupí
Y le dije que se meta su olor a flor en el orto,
Que no lo quería en mi cuarto,
Pero la muy perra me inyecto algo
Se aprovechó de mis manos atornilladas y me inyecto fácilmente
Esta vez no pude rasguñarla y me enoje conmigo
Pero después su veneno me durmió y el resto es negro.
Al despertar más tarde, o al día, o a los días
Las manos me dolían
Y me dolían más los pensamientos
Y todo el suceso histórico de sentimientos.
Todo se mareaba y remolineaba en mi cabeza
Y el soneto iba acallando de a poco
Y la solemnidad se hacía plausible
y me veía como alienada, fuera de mi
En calma, en negro.
Tenía las manos atornilladas al escritorio…
No, en realidad no era eso.
Tenía los pensamientos atados a mi mente como escritorio
Y la lengua anclada en un mar de saliva donde naufragaban ideas ignotas.
Yo seguía inmóvil, prestando absoluta atención al ruido
A ese voceo que me hablaba al odio
A ese pensamiento que arremetía contra mí y me sacudía
Entonces ahora lo recuerdo
Me vi con las manos atornilladas al escritorio.
Porque es más simple exteriorizar que hacerse cargo
Más simple verme atornillada al escritorio
Y ver la piel lastimada
La sangre seca.
El polvo de la madera agujereada
El tornillo por sobre mi piel roja, lastimada
La picazón insoportable.
Toda esa configuración era más fácil que aquel pensamiento
Me sentía afiebrada, palidecente, moribunda,
Esa idea rebotaba en mi cabeza,
La música queme golpeaba la pared cerebral no paraba de
chirriar
Las puertas no dejaban de moverse
Las ventanas de aglomerarse frente a mi
Los espejo de verme resistir.
Y yo inmóvil
Con las manos atornilladas a mi escritorio,
Si, las tenía atornilladas
No podía moverme
Ni quería hacerlo
Solo quería acabar con todo,
Pero como acabar sin manos?
Como hacer sin manos?
Sin entusiasmos...
Entre la sed grite su nombre y el vino
Y lo comprendió todo
O no comprendió nada.
Al despertar estaba en la cama de el
El sobre mis pechos
Podía oler su miedo y su sexo
Podía reconocerlo
Era el martirio jugando al apuesto
Era el martirio seduciéndome de nuevo
Era el martirio colocándose en mi pecho
Era mi mente juagando en mi cama
La desquiciada suerte dando zancadas
Era yo misma en mi propia ceguera y falta.
Son las hojas que sueñan ser árbol.
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