sábado, 12 de abril de 2014

El renacer

Habito la encrucijada mente del otro
Habito en imaginaciones de otros.
No me reconozco a mi misma
Solo veo mi carne.
Miro atónita la muñeca que se balancea entre estas paredes de metal y estaño
Y me da vértigo el andar de su triciclo macabro,
Miro como se mira un punto perdido en el espacio
el hueco de mi ombligo sangrando sentimientos atormentados,
Miro por el cielo de mármol
como las estrellas las dibuja un mago,
Miro como en la nebulosa de los que odiaron
toda la carencia de amor que nos legaron.
En nada me reconozco entorno a mi
Nada me pertenece,
Todo es fútil, todo irreal
Nada me asienta en el alma, en este lugar.
Miro como espantada que el cielo es mármol
Y esa maldita muñeca coquetea con mi espanto;
Le revoleo las flores de plástico quemado
Le revoleo las jaulas de pájaros inventados
Pero ella persiste inmóvil a mi lado, y me maldice en silencio con sus ojos macabros.
Miro, miro a la nada misma de mi inconsciencia,
De mi consciencia que ya es de otros
Y no me reconozco, no podría hacerlo.
Miro, en mi inmovilidad mis pies maniatados
En mi inmovilidad esa maldita muñeca a mi lado
En mi inmovilidad de cuerpo mutilado.
El todo de mi mundo vive aparentando
El todo de mi mundo vive atropellado
(En mi cabeza, en mi insuficiencia)
Miro, y veo enfrascado, todo el amor que contuve y ahora estalla por los lados
Miro y veo encajado, todo el palabrerío que no llego a ningún poema realizado
Miro y veo a mi lado, la pálida muñeca con mi vestido rasgado.
Miro y veo a mi lado, la sombra ferviente de lo que fue mi sueño en años
Miro y veo a mi lado la imagen de mi como un espectro negado...
Miro y veo acurrucados todos los recuerdos que no me olvidaron
Miro y veo a mi lado esa maldita muñeca llevándose mi vida envuelta, en mi vestido rasgado.
Miro y veo con espasmo, como ella vuelve con su triciclo oxidado a mi vientre desencajado y se lleva mi consciencia para sentir algo.
Miro y veo oscilando la realidad que vivo y la que en mi vive aparentando
Miro y veo a mi lado, la cabeza de la muñeca en mi triciclo colgando

miércoles, 9 de abril de 2014

Soneto del absurdo

Ese mirar a la nada que sucumbía su cabeza
Ese ir y venir a ningún lado, todo el tiempo
Ese perecer a todo momento.
Esa serpenteante forma de caminar con hastío sobre el vértigo de su existencia
Y su melodía al hablar tan inquietante y sobreexpuesta
Toda esa figura frente a mi maltrecha, ficcional, infecta;
Todo aquel conjuro insensato de la suerte
Figurando en el al hombre como miseria.
Y en esa noche hostil, frente al espejo, los espejos
Todo alienado el, toda alienada yo
Sin poder sentir frente a mi sin pudor su dolor
Su forma y su errante composición atroz.
Para qué?
Por pura devoción, diversión…
El escupía palabras
Mutilaba la calma,
Deformaba la realidad hasta aniquilarla,
Decía que somos cadenas de representaciones vivientes
Que somos pasos de soñadores deprimentes
Que solo figuramos mundos en las mentes de falsos transeúntes.
Tan absurdo consuelo/desconsuelo sufría su pobre lógica
Que terminaba retorciéndose del hastío que le provocaba su confusión y su derrota
Tan flamante desquicio sentía el pobre viendo siempre el ajeno!
Absurdo, absurdo
El soneto en la cabeza del mutilado!
Absurdo,  absurdo
Ese sentirse tan condicionado
Absurdo, absurdo!
Ese sentirse tan aislado.
Tal desequilibrio sintió su consciencia inconscientemente
Que dejo de titubear su calma el día
Que conoció la figura femenina de la muerte.
Me lo conto esa noche, el
Ahí, tan absurdo! Tan absurdo…
Su sexo torpe e impávido
Lo había llevado entonces como idiota a cometer su error más caro,
Sentía que ya no valía un Eva su vida
 Y arrastrándose a ella como cual babosa
Se condenó  este idiota a millones de años de sosegada derrota.
Y se aquieto aquel día, bajo la condena propia
De no querer saberse parte
De la gran cabeza delirante
De la gran masa de gente a ninguna parte.
Absurdo, absurdo!
Grita por alguna parte
Sobre el vértigo en su cabeza y el ancla en sus pies…
Y sonríe el idiota, viéndose perder
Y sonríe a carcajadas
Como por última vez
Y grita como un demente que no hay manera más coherente de morir inherente a los prejuicios de la gente
Que escupiéndole con burdas palabras sus mentiras y pareceres.
Grita como un demente
Que no hay mejor manera de morir,
Que riendo a carcajadas y con la realidad pagana.

Grita como un demente en el acto/instante en que estalla su cabeza. 

domingo, 6 de abril de 2014

Doce compases

Para mí él era el blues,
Y era también quietud en el trémulo espanto de mi mente.
Para mí él era el blues
Y era el encanto,
Me encantaba sentir su aliento rancio
Y saborear el vino añejo de su boca en mis resquebrajados labios.
Puedo ver hoy su sombra tras mi ventana de vidrios empañados
Puedo sentir hoy sus formas contorneando con mi cuerpo encarnizado.
Para mí él era el blues
Y blues para mí era él.
Siento con intrépida desdicha el tiempo
Con desquiciada calma el vértigo de su ser inquieto;
Vivo con la sosegada gana intacta
De habitar la carencia de su fría cama.
Por que para mí él era el blues
Y era también un sentimiento fútil
Una pasión senil.
Él era para mí el blues…
Y ahora solo escucho con nostalgia doce compases
Y nada más…
Nada más
Estoy segura que mi música, ahora habita en su musicalidad
Y su musicalidad habita en mi incongruente despertar.