Me las
arregle para conseguirme un revolver, "por si acaso", como dicen y lo conseguí,
un 22 hermoso, con florcitas y largo. Asique lo limpie minuciosamente lo “acaricie”
y lo guarde, dentro de una cajita con flores rococó, dentro de otra caja de
madera y adentro de la mesa de luz y deje ocho balas en el cajón y una dentro
del tambor, "por si acaso", como dicen.
Así es como
comienza mi historia, mi sucesión de suicidios, mi sucesión de estados de
existencia.
Desaparecí,
como dije antes, porque todos necesitamos desaparecer para ver sobre que
estamos parados y si hay o no materia en nosotros y en lo que nos rodea.
Entonces me aleje, buscando afectarme, y afectarle a alguien.
Me aleje un día,
dos, una semana. Nada de nada, con nadie para con nadie, nada, ningún tipo de
comunicación con mis afectos. Y ellos tampoco.
Había
intentado una vez suicidarme, pero me vi muerta antes de poder hacerlo, lo
había visto todo, el disparo, la sangre, el vacío, el funeral, las flores y su
olor nauseabundo, el entierro asqueroso y oscuro, yo intentando salir de mi
misma, muerta.
Negro
Abrí la
mesita de luz, la cajita de madera, la cajita rococó, y tome esa pieza inglesa,
imponente, floreada y fría y la acerque a mi sien y cante, cante con fuerza, enérgica
y casi feliz, cante como nunca antes! <Barrica del palo santo del gusano de
espadín son añejas tus gotitas del sabor que yo viví cantaba llorón tanto
mezcal tanto llorar, tanto tomar de pechuga mezcalito mezcalito de maguey pa
todo mal mezcalito y para todo bien también cantaba llorón tanto mezcal tanto
llorar, tanto tomar gota gota gota gotita de mezcal. Por la sombra de la selva
se oyó un disparo y te vas tu conmigo, levantamos polvo, ay ay ay ay cuando
sueño contigo no hay ni miedo ni duda sobre mi destino> y llore de risa
y dispare.
Y quede allí,
con la cabeza abierta, aplastada y chorreante, con pedazos de sesos en mi
rostro inquietante, con moléculas de mí en el suelo y en el aire, con la
podredumbre saliendo por mi cabeza chorreante hasta quedar ahí tullida, inmóvil
fea y palidecerte. Era la náusea misma, la carne masacrada, la sangre
gangrenada, era el asco, y era yo, muerta, muertisima, sin aire.
Negro