domingo, 6 de abril de 2014

Doce compases

Para mí él era el blues,
Y era también quietud en el trémulo espanto de mi mente.
Para mí él era el blues
Y era el encanto,
Me encantaba sentir su aliento rancio
Y saborear el vino añejo de su boca en mis resquebrajados labios.
Puedo ver hoy su sombra tras mi ventana de vidrios empañados
Puedo sentir hoy sus formas contorneando con mi cuerpo encarnizado.
Para mí él era el blues
Y blues para mí era él.
Siento con intrépida desdicha el tiempo
Con desquiciada calma el vértigo de su ser inquieto;
Vivo con la sosegada gana intacta
De habitar la carencia de su fría cama.
Por que para mí él era el blues
Y era también un sentimiento fútil
Una pasión senil.
Él era para mí el blues…
Y ahora solo escucho con nostalgia doce compases
Y nada más…
Nada más
Estoy segura que mi música, ahora habita en su musicalidad
Y su musicalidad habita en mi incongruente despertar.

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