miércoles, 1 de agosto de 2012

Enajenada


El caos de sentir innato
La necesidad de lo sutil cubriendo el espanto,
Suaves manos rosando la intranquilidad del desencanto
Los miles de aromas que vuelan en el aire condensado de recuerdos empolvados
La tenue brisa en la noche turbia
Y el resonar de las campanas marcando las horas sucedidas en emociones oscuras.
Todo un conjuro de la sublime novela de vivir,
De la incansable búsqueda de la resurrección  enajenada;
El trémulo fervor con el que los sueños dejan caer los sollozos
El llanto reprimido arrugando la piel que se deshila en el tiempo de otros.
Todos espejismos inventados,
De tiempo paralelos jugando a la exactitud de los resucitados
Tiempo que no es más que codicia de soles y lunas
Tiempo que no es representado bajo los amaneceres de sentimientos
Tiempo que no es más que simple decodificación de sucesos
Tiempo que no hace más que marcar el exterminio de los libres pensamientos.
Del amor o la soledad mucho y poco se sabe,
Mucho se juega y poco se hace
Fecundada razón que glorifica aquella suerte,
Hay pozos profundos que hacen eco en voces que no se escucharon por sordera de cobarde gente.
Gran virtud, dejar el cuerpo y soltar el alma
Gran virtud de similitudes el  rosar los cuerpos sin reprimir las ganas
Gran virtud despojarse de las tabúes que nos encierran en nuestras intrépidas cobardías innecesarias,
Saltar a las espinas para recordar lo suave
Y dejar lo suave para sentir  con dolor el cuerpo desplomarse,
Es tan inverosímil el sentir y tan superfluo el existir que todo lo que se dice y se sabe deja de coincidir.
En el seno de la tierra rigen al unísono todos los sentires
Y hay un hueco profundo donde se guardan todas las emociones que fecundan sutiles expresiones,
Existen cráteres profundos donde se detiene el tiempo
Y ahí ya no se confunden los amores ni los desprecios.
De torpes placeres y torpes sueños somos
Existen fieras que no sueltan nuestras manos
Existen cadenas que nos atan a un desquicio sobre humano
La misteriosa muerte no existe si le gana al desatino el amor por lo imaginario. 

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