La noche, de irrefutable insomnio y cobarde desgana
De faroles tenues y cortinas cerradas,
La noche… rica pero tan pobre,
Encantadora pero nostálgicamente aterradora.
Siento la lluvia hacer melodías sobre estas calles de papel
Y los sueños que viajan
por entre lloviznas como dulce miel,
Sollozos sobre los sueños y algún ronquido peleando por
despertar otra vez,
La brisa que consigo lleva todos los desvelos de conquistado
placer
Insondable, mística y elegante
Ella se deja ver en el reflejo de un charco de aguas
danzantes,
Como rayo de luz trepa las camas de los desvelados y canta
sus canciones de chaparrones coqueteando.
En la quietud del cuerpo el torbellino del pensamientos
En las sabanas los miles de fragmentos como cuerpos
En el suelo los pies descalzos de comenzar de nuevo,
Y el sueño, altivo, impávido, heroico se aleja dejando
simulados sueños cortos;
El despertar del ensueño o caer en la realidad pone en jaque
cualquier estimulo ansioso por jugar,
Barcos de papel viajan por los tiempos buscando siempre
retroceder
Y el rio siempre hace que los ojos despierten confusos otra
vez.
Botellas sin mensajes se dejan sobre el suelo ver
Es cobarde el sentimiento de beber para escapar de la melancolía
del anochecer
La habitación como cuadro de fotografías del ayer
Y la imagen retórica de la lucidez,
Que el sueño traiga el consuelo de soñar otra vez.
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