Caminando sin ánimos de ver,
Sin ánimos de encontrar otro compadecer, entre la niebla encontré a un
hombre juzgándose.
Vi sus pies caer sobre un pozo cruel,
Las espinas rosando su piel,
El embrujo de sus ojos jugando a perder,
Nada más una ventana lejana hacia que su cuerpo se arrastre con desgana.
Pobre de el atónito, incrédulo
En la abrumante sensación de saberse simple y ficticio cuerpo.
Ver que solo es sombra de indigente pensamientos
Solo representaciones de la calamidad del corazón y el cuerpo.
Caía, de prisa al pozo profundo de su desconsideración para con la vida,
para con la risa,
Lo vendía todo como quien vende mentiras,
Lo delegaba todo como quien se cansó de los juegos de la codicia,
Lo envenenaba todo como quien se cansó de los seres y la vida.
Juego macabro es su llanto y su desesperante corazón agitado
No quiere quedarse pero se estanca, se ancla, se encarcela y se justicia
sin causa.
Pobre de el mísero actor en actos sin resolver,
Pobre de aquel con rodillas quebradas de tanto suplicar no verse perder
otra vez.
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