lunes, 16 de abril de 2012

Gritos como espejos

Empuñas el arma
Tranquilamente la haces chasquear,
La humedeces, la acaricias.
Te pintas el mundo de irrealidad,
Brotan de las manos miles de espinas al tocar,
Brotan de los pies miles de púas con las que reprimís el dolor de atacar.
Afilas tus pupilas a una realidad artificial,
El pelo se eriza,
La respiración cesa un poco más.
Gotas de sudor frio recorrer tu frente
Y ves en la pendiente de la mente, el recoveco idiota de los sensacionalismos devenidos en derrotas.
Luchas con tus neuronas
Mientras todas las venas te conectan a la deshonra de aquel pensamiento idiota;
Tu arma sigue resguardada de manera tensa
Sigue encrucijada entre la paz y la guerra
Allí la tenes, inmóvil, chasqueante y húmeda,
Se afila con los colmillos y se duerme entre los labios
Se suelta a la desamparada inercia de sentirte infortunado
Y luego…
Luego todo estalla.
Miles de maliciosas palabras comienzan la batalla,
Utilizas tu arma no queriendo utilizarla
Y ahora brotan gritos de tu garganta oxidada,
Ahora brotan saudades de tu lengua afilada,
Cobarde ser con forma humana
El gritar no te convierte en hombre de guerras ganadas,
Seguís escupiendo errores,
Seguís vomitando las suciedades que tu mente esconde.
Gritas miserables reproches,
Lastimando almas con gritos repletos de dolores.

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